El Euro inició un vertiginoso
ascenso frente al dólar y otras monedas desde su comienzo. Para muchos fue inexplicablemente sobrevalorado. Desde los 0.9 dólares
por euro en 2001 hasta los 1.47 dólares por euro en 2008, la moneda única no
cesó de subir. No es extraño que Robert Mundell diga que ese alto valor de la divisa sólo hizo que empeorara la crisis de los países en apuros pertenecientes al club.
Mientras el dólar, la libra, el yen, el yuan y otras monedas estuvieron en esos años envueltos en una guerra de divisas intentando cada una depreciarse más que las otras, la moneda única permanecía impasible en su pedestal en contra de toda lógica.
Parece mentira que una
moneda en la que entraron de prisa y corriendo 17 países, con diferentes
lenguas oficiales y diferentes estructuras económicas, algunos de ellos
arrastrando deudas elevadas y otros claramente inflacionarios, se revalorizara
incesantemente.
