La salida del Euro y volver
a la peseta es algo que comenzó a oírse a partir del día 10 de Mayo de 2010, cuando
sonaron todas las alarmas en las cuentas públicas y el Gobierno socialista del
PSOE, con ZP a la cabeza, tuvo que congelar pensiones y bajar el 5% el sueldo a
los funcionarios por la vía de urgencia.
Desde entonces, esa posibilidad
la han barajado muchos más. El problema es que cuando se creó la moneda única
no se habilitó un mecanismo para que un país que hubiera entrado en el club
pudiera salir de una forma ordenada, sin dejar de ser parte de la UE y sin
perder demasiados pelos en la gatera. O sea, un mecanismo que facilitara su
reincorporación a su antigua moneda, como la peseta en el caso de España.
España no debió entrar en la moneda única porque ni su estructura económica ni la mentalidad de sus políticos eran lo adecuado para someterse a la disciplina que exige adoptar una moneda cuyo control no se posee y no se puede imprimir ni devaluar a voluntad propia. El club se formó con 17 países de los 27 de la UE con demasiada alegría. Pero una vez dentro y habiendo adquirido fuertes deudas en euros, abandonar el club es para meditarlo muy bien.
