Los impuestos altos ponen a los ricos en fuga. Y a los que no son ricos pero forman parte del grupo de los paganini, porque no pueden. Es algo comprobado en multitud de ocasiones. Pero en Septiembre de 2012 fue escenificado por Arnault, uno de los hombres más ricos de Francia. Hollande, el socialista Presidente de la República Francesa había centrado en gran parte su campaña electoral en gravar con hasta el 75% a las grandes fortunas. Al conocerse que Arnault había pedido la nacionalidad belga, fue interpretado como un desafío a las intenciones recaudatorias de Hollande.
La prensa de izquierdas, como Liberation, ha cargado contra Arnault, como si fuera la única fortuna que se va a largar. Como si desde que Hollande llegó al poder amenazando con más impuestos no estuvieran vendiéndose casas en Londres a millonarios franceses.
A pesar de que el multimillonario precisó que seguiría siendo francés, que tendría la doble nacionalidad y seguiría tributando en Francia, la izquierda le insulta. Hay que tener en cuenta que controla empresas de lujo de alcance internacional como Givenchy, Louis Vuitton, Champagne Moet Chandon y Don Perignon, Sephora o Perfumes Christian Dior.



